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Técnicas de engorde

Cuando el diablo se aburre - Técnicas de engorde (por JJMA)

Por: Webmaster | Publicado: 10/09/2010 13:01 | |




TECNICAS DE ENGORDE

Muy buenas. 

Hoy voy a divagar un poquito sobre como hacer “engordar” un árbol.

En muchos post leo la intención del propietario de un árbol recién adquirido o conseguido de hacerlo engordar, o por el contrario, más de uno le aconseja que lo pase al suelo o a maceta de entrenamiento con ese objetivo. Una serie de reflexiones que me hago yo, y que no necesariamente ha de hacerse nadie más.

En mi opinión, en la mayor parte de las ocasiones, deberíamos de adaptar nuestro diseño al tamaño actual del árbol siempre y cuando este tenga unas características adecuadas. Siempre será más rápido reestructurar un árbol de 20 cm. de altura, que intentar conseguir un árbol de 50 cm. a partir de este.

Si vamos a un vivero a adquirir material, y compramos un plantón con un tronco de 1 cm., pero pretendemos que nuestro futuro árbol, tenga 5 cm. de diámetro de tronco, nos quedan unos añitos por delante para conseguirlo, así que quizás fuese más interesante buscar un material de mayor porte, o sencillamente, cambiar nuestro objetivo de tamaño de árbol o especie. Respecto a la extracción campestre, esta reflexión también valdría. Pero en esto no me meto, que cada santo aguante su vela.

Bien, a pesar de esto, puede que seamos obstinados, o que la planta que tenemos no tenga otra opción que pasar por la “granja de engorde”. ¿Que alternativas tenemos y como lo hacemos?.

Como ya he comentado en alguna ocasión, en mi caso no dispongo de terreno donde hacer crecer las plantas, así que me apaño a base de macetas de entrenamiento. No obstante, alguna experiencia en plantaciones en suelo tengo, y la verdad es que en esencia, hacer crecer un árbol en suelo o en maceta, no difiere mucho en cuanto a conceptos, simplemente tener en cuenta las características de un sistema u otro en el cultivo, y asunto arreglado. Por la diferencia conseguida entre suelo y maceta, y el engorro que me supone pedir prestado un terreno y desplazarme hasta él, me sale más a cuenta realizar el proceso en maceta, por comodidad, y una vez que le pillas el truco, no hay mucha diferencia e incluso es más controlable la maceta que el suelo.

Primer concepto que para mí es fundamental. Cualquier técnica de engorde rápido, no está orientada a conseguir un “bonsai” rápidamente, sino a conseguir lo más rápido posible, un buen cepellón, nebari y tronco de calibre aceptable y correcta conicidad. De eso a conseguir un buen árbol hay un mundo. ¿Que quiere esto decir?. Que por hacer crecer mucho y rápido una planta, no vamos a conseguir necesariamente un “bonsai” más rápido. Esto viene a cuento de que muchas veces deberíamos de valorar cual es la mejor opción, remodelar lo que tenemos con vista a tres, cuatro, cinco años, o meternos en un proceso que puede durar varios lustros, partiendo de un plantón y teniendo como objetivo un pedazo de ejemplar. 

Segundo concepto, y aquí parafraseo a un fabricante de neumáticos. “La potencia sin control no sirve de nada” (o algo así era). Con esto no discrepo para nada de que si dejamos crecer a su aire una planta, esta crece y engorda muchísimo más rápido. Esto es de cajón de madera de árbol. Pero la verdad, los resultados conseguidos dejando crecer todo lo que nace, no suelen ser ni estéticos, ni viables a corto plazo.

Tercer concepto. Lo único que para mí resultará valido de una planta engordada en suelo o maceta, será el cepellón, el cual incluye el nebari, y el tronco. Con un poco de suerte, podremos aprovechar el nacimiento de alguna de las ramas. Pero intentar engordar tronco y ramificar al mismo tiempo, suele ralentizar el proceso, y los resultados no acostumbran a ser muy buenos. Aquí como en todo, dependerá también de la especie con la que estamos trabajando, ya que no es lo mismo hacerlo con una caducifolia, o con una planta que tenga un buen comportamiento respecto a podas y nuevas brotaciones, que hacerlo con una conífera o con una planta que tenga dificultades para rebrotar después de una poda.

¿Por donde empezamos?. Lo primero, decidir donde vamos ha realizar el proceso, campo o maceta.

CAMPO

Si tenemos a nuestra disposición un terreno donde plantar, resultaría conveniente acondicionarlo un poquito. Puede parecer una perogrullada, pero que la tierra este suelta y no apelmazada, sea fértil, y la zona disponga de insolación y ventilación suficiente hará que todo sea más fácil. Si alguno de estos factores no se dan, intentaremos corregirlos. Así que a tirar de azada, limpiar de malas hierbas el terreno, y enriquecerlo mediante compost, abonos o lo que estimemos necesario. Si para conseguir insolación es necesario derruir el muro del vecino, o talar algún árbol, pues tu mismo.

La delimitación de la zona donde se va a plantar, creando una especie de bancal, ayudará tanto en el mantenimiento, como con el riego, y el control de las malas hierbas. Hay quien utiliza tablones de madera, las viejas traviesas de madera de ferrocarril por ejemplo, además de ser estéticamente bonitas, aguantan viento y marea, y no son especialmente difíciles de conseguir. Eso sí, pesan como un muerto. Una opción más fácil, y muy utilizada es delimitar zonas individuales para cada planta mediante ladrillos o la llamada “bovedilla”, utilizada en construcción.



La delimitación de la zona donde crecerá cada árbol, no afecta en exceso al crecimiento de la planta, y nos facilitará el riego, y sobre todo, la extracción periódica del árbol para retocar el cepellón, impidiendo que las raíces se extiendan por cualquier sitio, y evitando que se crucen o enreden con las de árboles adyacentes.




MACETA

Si decidimos utilizar una maceta, esta ha de ser proporcional al calibre del tronco del árbol. No por plantar un esqueje en una bañera, este va a crecer más y más rápido. Una de las tendencias que tenemos al plantar en maceta de entrenamiento es intentar que esta sea lo más grande posible, quizás con la idea de que cuanto más tierra tenga alrededor, más se parece a plantar en suelo. Pues creo que no. El cultivo en suelo y en maceta, se parece como un huevo a una castaña, y por mi experiencia, maceta grande si, pero lo justo, nada de exageraciones. Como maceta de entrenamiento, buscaremos algo amplio, pero no necesariamente profundo, pues no nos interesa que las raíces crezcan hacia abajo, sino que cuanto antes se acostumbren a hacerlo en horizontal mejor para nuestros objetivos. 

Aquí el surtido es amplio y podemos echar a volar nuestra imaginación. Desde cajas de poli estireno expandido, de las usadas para el transporte del pescado, a cajones de madera, a macetas de plástico o cerámica. Si nos da por bricolear y hacerlas de madera, tener en cuenta el peso del conjunto para hacerlas lo suficientemente resistentes, y que la humedad las terminará dañando, así que seria conveniente darles un tratamiento protector. Y no olvidar tampoco, ni abundantes agujeros de drenaje, ni unas asas de transporte. 

Un ejemplo de cajón de madera más profundo de lo habitual, puesto que es para un enraizado en roca.



Si utilizamos macetas de plástico, las medidas comercializadas habitualmente son, para mi gusto, excesivamente altas, yo las recortaría en altura. Buena opción, los barreños utilizados para el hogar. La utilización de un color u otro dependerá de vuestras condiciones climatológicas. Simplemente apuntar que las oscuras se calentaran más que las claras. Ese calor que puede ser muy bueno para estimular el crecimiento de las raíces, puede suponer en algunos casos una demanda en el riego que no podamos atender, o el bloqueo de las funciones radiculáres por exceso de temperatura. Si no recuerdo mal, por encima de 32º C en el sustrato, las raíces comienzan a tener dificultades para realizar sus funciones. Las de cerámica o barro o gres son las que más me gustan. Yo las utilizo sin esmaltar ni pintar, y busco aquellas que no sean muy altas, no las típicas de plantar geranios.



Como macetas de entrenamiento se pueden utilizar macetas de bonsai grandes que no usemos, ya que mantienen unas buenas proporciones, o las macetas ya diseñadas para estos menesteres que nos ofrecen los fabricantes especializados. Son chulas, útiles, bien diseñadas, pero leches, hay alternativas más baratas. Eso ya dependerá del presupuesto de cada uno. Yo sigo utilizando barreños de plástico según me venga bien.



A medida que el árbol vaya cogiendo calibre, es muy probable que tengamos que ir aumentando el tamaño de la maceta, para poder proporcionarle todo el sustrato que necesita. El proceso durante la fase de engorde será ir aumentando de maceta según crece el árbol, para después, en la fase de refinado, ir reduciendo el tamaño hasta conseguir meterlo en la maceta definitiva.



Respecto al sustrato. Si plantamos en un terreno, pues lo dicho, lo podemos enriquecer como queramos, e incluso añadir algún tipo de grava o elemento que permita una mayor esponjosidad. Pero casi no, que eso ya seria mucho curro.

En maceta. Pues también dependerá un poquito del tamaño de la misma, pero cuanto más grueso sea el grano, mejor. Yo utilizo granulometrías de hasta 15 mm. de diámetro.



Aquí debemos de tener muy en cuenta nuestras condiciones climatológicas. Lo ideal de la muerte chachi piruli seria un grano muy grueso, y una mezcla muy drenante, cuanta menos retención de agua (dentro de un limite claro) mejor. El grano grueso unido a la poca retención de agua, hará que circule mucho aire entre los granos, favoreciendo el crecimiento de las raíces, y a su vez nos obligaran a regar mucho, puesto que el sustrato se secara antes. 

¿Cómo podemos buscar el compromiso entre un riego no esclavizante y un sustrato “engordante”?. Aquí todo dependerá de que utilicemos cada uno como sustrato.

La arcilla nos proporcionará retención de agua y retención de nutrientes, cuanta más utilicemos, más retendremos. La arcilla pura se degradará antes, y la verdad, no es muy aconsejable. Si utilizamos calibres muy gruesos (8-15 mm.), probablemente aguanten sin una excesiva degradación entre trasplante y trasplante, no seria la primera vez que la he utilizado a pelo en esos calibres. Si es de menos calibre, probablemente tengamos algún problema de drenaje pasado el tiempo.

En esta foto se puede apreciar el calibre de grano utilizado en una maceta de entrenamiento, y como podéis ver, el osmocote utilizado como abono. Después comentaré algo sobre el osmocote.



Los elementos drenantes, como puede ser la grava, la volcánica, la arcilla expandida, pomez, etc. conseguirán un sustrato más drenante y estable a la degradación. Pero ojo, cada elemento tiene sus características de adsorción y absorción, y seria un error pensar que no retienen agua ni nutrientes, pues lo hacen, cada cual a su manera. Dependiendo de que se utilice, tendremos que variar o adaptar la forma de regar. Por poner un ejemplo, una grava tiene una porosidad prácticamente nula, todo el agua que es capaz de “retener” lo hace porque el agua queda adherida a sus paredes, no la absorbe en su interior, por lo que su capacidad de retención es mínima. 

En cambio, el pomez, dependiendo de cómo se riegue, puede absorber mucha o poco agua. Su capacidad de retención de agua es enorme, pero como digo, depende de cómo se riegue. Si realizamos un riego somero, hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje, retendrá poco agua, pues a pesar de su gran capacidad de absorción, es muy lenta haciéndolo. En cambio si regamos varias veces seguidas, será capaz de absorber mucho agua. Esa lentitud a la hora de absorber, es proporcional a la hora de cederla, y puede mantener el sustrato con una humedad constante durante mucho tiempo, pero manteniendo los espacios entre granos libres de agua, es decir, sin encharcarnos el sustrato. Tampoco seria la primera vez que veo un árbol plantado en pomez 100%. Si se conocen las características de cada sustrato, casi todo vale.

Por último, tendríamos los elementos orgánicos, que podríamos añadir a la mezcla, sean mantillos, turbas, etc. Estos elementos tienen una alta capacidad de retención de agua, se lo chupan todo. A mí personalmente, no me gusta nada usarlos, por esa tendencia que tienen a hincharse y deshincharse, según su nivel de humedad, sin embargo reconozco que en algunas condiciones, pueden ser una ayuda a la hora de retener la humedad que no vamos a ser capaces de proporcionar mediante los riegos. Otro posible problema que pueden ocasionar es su degradación y/o acumulación en el fondo del sustrato, dificultando la evacuación del exceso de agua. Ya que hablo de materia orgánica, un apunte respecto a las turbas. Hay muchos tipos de turbas, algunas veces mal llamadas turbas. En algunos casos algunos fabricantes llaman turba a corteza de árbol y desechos vegetales en mayor o menor grado de descomposición. Eso no es turba. Realmente la turba esta formada por acumulaciones de musgo esfagno en las turberas. Dicho musgo estratificado durante muchos años en zonas húmedas produce lo que deberían de vendernos como turba. Dependiendo de la altura de donde se extraiga, será un tipo de turba u otro, con unas características de descomposición y ph, determinadas, que también depende del agua de que se alimente la turbera. Y ahondando en el tema, la turba natural no dispone de nutrientes, o si los tiene son muy escasos. La mayor parte de los nutrientes que contiene son aportados por el fabricante de forma artificial, y su duración estimada es de entre tres y cuatro meses. Un simple comentario al hilo.

ABONADO

Bueno, ya tenemos mas o menos definido el sustrato, hablemos del abonado. Respecto al abonado, la verdad es que la práctica que hemos de aplicar no difiere en exceso de lo que haríamos con cualquier otro árbol. Gran cantidad de nitrógeno, pero sin olvidarnos tampoco del fósforo y del potasio. En definitiva, un abono que contenga todo lo necesario para un crecimiento correcto de la planta. Si nos pasamos con el nitrógeno, o descuidamos el resto de elementos, nos podemos encontrar con crecimientos importantes, pero con dificultades de lignificación, es decir tallos largos, pero herbáceos, poco resistentes a cualquier agente externo. El abonado de otoño, tan importante en este caso o más, que el resto de las estaciones. De este abonado, puede depender la brotación del año siguiente, y puede comprometer el proceso. Aquí que cada cual utilice lo que más cómodo le resulte, a poco que se busque por los comercios, podemos encontrar tanto abonos inorgánicos, como orgánicos, como ambos los dos mezclados, tanto de forma liquida como sólida. Y hablando de inorgánicos sólidos, este año he experimentado con el osmocote. Como todo experimento, sirve para darse cuenta de lo que sí y de lo que no. En este caso, ha sido que no, que aplicado sobre la superficie del sustrato, tiene muy poquito efecto positivo. He llegado a la conclusión de que si no está distribuido junto a las raíces su efecto es muy leve a la hora de aportar nutrientes. Mucho más efectivo si se mezcla con el sustrato. ¿Problema?.Que no sabes cuando se ha agotado, puesto que no lo ves. Bueno, de todo se aprende. Seguiremos investigando.

Los abonos orgánicos tradicionalmente utilizados para los árboles son tan validos y efectivos para esto como para lo otro, pero el abono pata negra igual es un poco demasiado gasto para lo que intentamos conseguir en esta fase del proceso.

Introduzco de nuevo el tema de la granulometría y el sustrato con esto del abonado. Decía anteriormente que en función de lo que usemos como sustrato, podemos requerir una mayor o menor necesidad de riego. Si hemos optado por un sustrato con poca capacidad de retención de agua esto nos obligará a riegos mas frecuentes y abundantes.
Este riego abundante, utilizando abonos de disolución lenta, hará que continuamente estemos aportando nutrientes debido a la disolución casi continua del abono. Eso sí, la maceta ha de estar prácticamente cubierta de abono, y el consumo del mismo será muy alto. 
Si utilizamos abonos líquidos, podremos aumentar la frecuencia de los mismos, ya que al regar tanto, estaremos lixiviando el sustrato, y el peligro de una acumulación excesiva de sales en el mismo, disminuye.

En el caso de que nos decantemos por un sustrato más absorbente, la aplicación de abonos disminuirá en consecuencia.

Vale, pues vamos al turrón. 

Comentaba antes los objetivos a conseguir en esta fase, y hablaba del cepellón y nebari. Importantísimo conseguir un cepellón abundante, bien distribuido y lo más plano posible. Cuando cultivemos en suelo, una buena práctica es alternar el suelo y la maceta en sucesivos trasplantes. Un par de años engordando en suelo, y otro par en maceta, para conseguir una mayor cantidad de raíces ciliares, y un mejor equilibrio y de nuevo al suelo. Si dejamos mucho tiempo el árbol en el suelo, conseguiremos raíces muy gruesas y largas, pero poco aprovechables posteriormente en su paso a maceta. Es necesario un control de las raíces, equilibrándolas para que todas tengan un vigor similar. Para conseguir esto, podaremos muy cortas las mas gruesas, menos las menos vigorosas, y en algunos casos, nada las más débiles. Nuestro objetivo ha de ser raíces fuertes cerca del tronco, pero que comiencen a ramificarse lo antes posible. Las raíces gruesas que parten del tronco y llegan al extremo de la maceta, no son, o no deberían de ser válidas. 

Esta ramificación de las raíces, además de su efecto estético, tienen una funcionalidad muy importante de cara a años sucesivos. Dicen que el aspecto de la copa es el espejo de las raíces, y aunque esto no ha de tomarse a rajatabla, si que es cierto que influyen y mucho. Un cepellón abundantemente ramificado, ordenado, sin raíces cruzadas y sano, se ve reflejado de igual modo en la ramificación. Este trabajo oculto, nos facilitará posteriormente la labor de ramificación de la parte aérea del árbol.

¿Que dejamos crecer y como?.

Digamos que en este sentido, podríamos hablar de dos métodos fundamentales a la hora de engordar un plantón. Uno, dejar que crezca todo lo que sale del tronco, para provocar un rápido engrosamiento (potencia sin control), y otro, dejar crecer y podar de forma selectiva. Apunto dos líneas de trabajo, lo cual no implica que no se puedan mezclar, alternar, o incluso que pueda haber otras distintas, pero me tengo que centrar un poquito, que veo que esto se esta empezando a alargar.

Método 1: “dejo que todo crezca”. Cuanta más ramificación tenga un árbol, mayor engrosamiento. El calibre del tronco engordará más cuantas más ramas dependan de él y tenga que alimentar. Eso que en un principio puede parecer una ventaja, disponer de muchas ramas que “tiren” del tronco, se puede convertir en un inconveniente. Las ramas nacerán allí donde ellas quieran, y en muchos casos, la dominancia apical de ciertas especies, harán que la mayor parte del vigor del árbol se vaya a la parte superior del mismo, produciendo una mayor brotación en zonas altas, perjudicando a las bajas. El tronco engordara mucho y rápido, pero lo hará de forma cilíndrica, sin conicidad. Esa falta de conicidad la tendremos que solucionar posteriormente mediante una poda drástica, a la que puede que no responda correctamente, o que simplemente, nos deje una cicatriz o varias de difícil solución. En el caso que pongo a continuación, he dejado que el líder crezca a su bola, pero he alambrado una rama adyacente como futuro líder. Se puede apreciar las diferencias de grosor entre ambas, puesto que el actual líder se ha dejado sin pinzar. Cuando se corte esa rama, la cicatriz será grande, pero no exagerada, y además tendremos una rama vigorosa y más delgada que la sustituirá creando conicidad y cerrando la herida. Hay muchas formas de hacer las cosas, y muchas veces improvisamos sobre la marcha.





También nos puede ocurrir, que en determinadas zonas del tronco, tengamos una acumulación de ramas que produzcan un engrosamiento de dicha zona. Esas ramas dejadas crecer libremente, producen engrosamientos de tronco muy antiestéticas, además de que posteriormente, muchas de esas ramas, si no todas tendrán que desaparecer, dejando cicatrices.



Por último, y no menos importante. Normalmente un árbol siempre tiene una rama líder, que será la que más vigor y crecimiento tenga, y ese crecimiento generalmente será recto y vertical, formando un tronco recto y sin curvas. Si nuestra intención es realizar un vertical formal, ese tipo de crecimiento nos puede interesar, e incluso lo potenciaremos, pero si nuestro objetivo es un tronco con curvas atractivas, debemos intentar evitar dicho crecimiento por todos los medios. Aquí se podría argumentar, que para qué sirve el alambre. Pues si, siempre podríamos alambrar la rama líder de forma que adquiera las curvas que deseamos. Pero por mucho que alambremos, lo que no conseguiremos con el alambre es conicidad, dicha rama continuara creciendo cilíndrica como el palo de una escoba, con curvas, pero con un calibre similar en toda su longitud.



Método 2. El famoso crecer y cortar. Como ya he comentado, en la fase de engorde me centro en raíces y tronco. Damos por hecho que las raíces las vamos formando a medida que vamos trasplantando. ¿Cómo formar el tronco?. Para formar un tronco con curvas atractivas (incluso sin curvas), y al mismo tiempo conseguir una conicidad aceptable, un método bueno (puede que no el más rápido) es cambiar de líder varias veces en una temporada o varias. Si dejamos crecer la rama guía bastante, hacemos que esta se fortalezca y acumule gran cantidad de reservas, Si en plena temporada de crecimiento cortamos muy corto por encima de una yema, dicha yema al brotar lo hará con gran fortaleza, cerrando rápidamente la herida, y convirtiéndose en la nueva rama líder. Comenzamos a crear líneas de movimiento en el tronco. Además de esto, hemos eliminado una rama que demandaba una gran cantidad de energía por parte de las raíces, y al desaparecer esta rama, estimulamos que yemas latentes que se encuentran en troncos y ramas, se vean favorecidas para brotar. Esta brotación de yemas latentes debemos de aprovecharla en nuestro beneficio para crear lo que se llaman “ramas de sacrificio”. 

Digo lo de cortar por encima de una yema, porque hay muchas especies que reaccionan mucho mejor si sustituyes una rama por una yema que si lo haces por una ramita ya existente. Alguna explicación tendrá, pero muchas veces te confias dejando una pequeña rama ya existente, y no crece con vigor, mientras que dejando una yema, está crece como una loca. Si no tenemos una yema y dejamos una rama, y vemos que no reacciona, podamos esta también muy cortito, y seguro que tira con fuerza.



Una rama de sacrificio no es mas que aquella rama que utilizamos para nuestros propósitos, y que sabemos con certeza que va a terminar siendo cortada. La podemos utilizar para engordar más una zona determinada del tronco, para frenar posibles retiradas de savia, o las que más nos interesan en estos momentos, para engordar la zona mas baja del tronco. El primer objetivo que debemos intentar conseguir para formar el tronco, es tener la mayor cantidad de ramas lo mas abajo posible en el tronco. Mas valen muchas y delgadas que pocas y gruesas. Una situación ideal seria la que muestro en este esquema, una corona de ramas en todo el perímetro, con un único líder central. Esta acumulación de ramas hará que la zona baja del tronco engorde muchísimo, debido a la gran circulación de savia que se produce, creándonos una conicidad muy buena si la comparamos con un crecimiento sin dichas ramas de sacrificio.



Un ejemplo real de ramas de sacrificio. Se puede apreciar también las marcas dejadas por un alambre de sujeción que se me despistó, produciendo un feo abultamiento. Otra técnica que también se utiliza, pero que en mi caso, por despiste, ha producido un bulto que ahora tengo que corregir. Como veis, cualquier pequeña rama que nazca en esa zona, la dejo crecer, aunque algunas lo hacen con mas vigor que otras. Cuando toque poda, equilibraremos el tema, y si las más débiles no tiran, a frenar las más vigorosas y a potenciar las débiles.



¿Porque muchas ramas de sacrificio mejor que pocas?. Una simple cuestión de previsión y matemáticas. Si tenemos dos o tres ramas de sacrificio, y las dejamos crecer libremente, engordaran mucho y provocaran el engrosamiento en la base que buscamos. Si tenemos pocas, lo normal es dejarlas crecer sin control para que haya mucha circulación de savia, y no las cortamos para no frenar el crecimiento. Esto producirá ramas cilíndricas y gruesas, pero no nos importa puesto que las vamos a cortar. Pues no importa, pero si importa. El día que las cortemos, dejaran una cicatriz muy grande que costará mucho cerrar. Además, si disponemos de pocas ramas, tenemos concentrado el engrosamiento en pocos puntos, quedando zonas del tronco con menos afluencia de savia, lo que produce crecimientos desiguales.




Si por el contrario disponemos de muchas ramas de sacrificio, no será necesario dejar que engorden tanto (incluso no lo harán por si mismas), pudiendo incluso podarlas de vez en cuando para evitar que se disparen o se lleven toda la fuerza del árbol. Cuando toque podarlas, las cicatrices serán menores, y habremos conseguido el mismo objetivo o mejor.



Otra de las ventajas que tiene, es que la poda de estas ramas se puede hacer de forma programada, más efectivamente que si tenemos pocas. Iremos haciendo desaparecer las ramas en temporadas sucesivas, y las que van quedando, además de continuar con su labor de engorde, ayudaran a que las cicatrices cierren más rápidamente.



¿Cómo provocar el nacimiento de ramas de sacrificio?. Mediante la poda. Desde el primer momento y como ya he dicho anteriormente, dejaremos crecer y cortaremos muy cortito para estimular el nacimiento de nuevos brotes. Dependiendo del material del que partamos, esa “provocación” puede ser el cambio de líder del tronco, o si ya disponemos de alguna rama bien situada, podando también esta, para provocar la aparición de yemas en sus proximidades. Uno de los procesos que se puede seguir seria mas o menos el que reflejo en estos gráficos. Puede ser aplicable tanto a pequeños esquejes como a plantones ya más grandes. Pero como he comentado antes, mucho de lo que hagamos o podamos hacer, dependerá de la especie con la que estemos trabajando. Dependiendo de la planta, sustrato, clima, etc., la secuencia puede durar uno o dos años, o seis, no hay tiempos fijos para esto, paciencia, ya he dicho que esto es una forma de conseguir calibres más rápidamente, pero tampoco podemos pedir milagros.

Esquema nº 1

El primer paso seria cortar lo mas bajo que podamos la planta con la que queremos trabajar, aprovechando la primera o segunda yema, al objeto de conseguir una primera curva lo mas cerca posible de la base y provocar el nacimiento de nuevas ramas por debajo de este corte. Si buscamos un estilo sin curvas en el tronco, en el momento en que el nuevo líder comience a lignificar, lo alambraremos hacia arriba para que continúe el tronco lo mas recto posible. Todo lo que nazca cerca del nebari, lo dejaremos.




Esquema nº 2

Lo normal es que las yemas dejadas broten con vigor, y además aparezcan nuevas yemas, que puede que se abran o simplemente engorden, dependerá un poquito del vigor de la planta y de la época. Cuando esa nueva brotación comience a lignificar, y tengamos la seguridad de que hay yemas formadas que nos aseguren una nueva brotación, volvemos a cortar, el líder para crear otra curva, y las ramas bajas, para aumentar el número de ramas de sacrificio. Esto es muy posible que podamos hacerlo a finales de primavera, comienzo de verano. Hay que estar atentos a como se comporta la planta y a nuestro clima, pues una poda justo antes de que comience a hacer mucho calor, puede no ser buena debido al paro que se produce en verano en zonas muy calurosas y malograr la brotación. En climas menos rigurosos, el paro veraniego no se suele producir, así que hay menos riesgos.




Esquema nº 3

En este tercer paso, ya deberíamos de tener alguna curva en el tronco, así como varias ramas de sacrificio y probablemente yemas que podamos aprovechar. Si todavía hay tiempo, realizaremos esta poda esta temporada. Si vemos que está muy avanzada la temporada, esperaremos a primavera para realizarla.




Esquema nº 4

Si todo va sobre ruedas, deberíamos de tener algo más o menos como en el esquema. Una serie de ramas de sacrificio, multitud de yemas, y un único líder, que lo más probable es que haya ramificado algo, al igual que las ramas de sacrificio.



Esquema nº 5

Ahora seria el momento de realizar una poda de la rama guía, y de todas aquellas ramas de sacrificio, excesivamente vigorosas, al objeto de equilibrarlas y potenciar las más débiles, las cuales no cortaremos o lo haremos muy poquito, justo despuntar. Seguramente también tengamos muchas yemas a lo largo del tronco, algunas útiles y otras que deberemos de eliminar.




Esquema nº 6

En este paso, ya deberíamos de tener varias ramas de sacrificio, que harán que la base de nuestro tronco engorde rápidamente, e incluso debemos de ir eliminando yemas que no nazcan en buenos lugares para evitar que crezcan y produzcan cicatrices posteriores. Es muy probable que en zonas cercanas, o incluso de las mismas cicatrices producidas por los cambios de líder, tengamos nueva brotación, que saldrá justo en los exteriores de las curvas producidas por el cambio de líder. Aquí hay gente que deja que esas ramas engorden también, formando la ramificación principal a medida que se engorda el tronco. Otros las dejan crecer para que engorden y posteriormente utilizan solo la base de las ramas. Y otros lo que hacen es pinzarlas periódicamente, para evitar que engorden en exceso quitando vigor a la zona baja del árbol, y evitando de este modo ramas excesivamente gruesas y cilíndricas. A partir de aquí hay muchos librillos a aplicar. En mi caso lo que acostumbro a hacer (no siempre), es alambrar la base de las ramas hacia abajo cuando están recién lignificadas, lo cual provoca una curva natural en el nacimiento de la rama. Si es una planta con mucho vigor, no dejo que crezca mucho para evitar calibres desproporcionados con el tronco, pero si es de poco vigor, dejo que crezca, e incluso alambro de forma que las puntas de las ramas crezcan hacia arriba. Conviene recordar que si orientamos el apice de una rama hacia abajo, frenamos su crecimiento, pero si lo hacemos hacia arriba, lo potenciamos. Con esto también podemos jugar.



Al final del proceso de engorde, lo que deberíamos de intentar conseguir, es un tronco con un buen nebari, una conicidad acusada, y una proporción calibre / altura, ideal. A mí la proporción 1/6 tan reflejada en libros y normas, personalmente me parece muy exagerada. Para mi gusto, en algunas especies quedan árboles demasiado pesados, y cambiar esas proporciones a 1/8 ó 1/10, incluso 1/12, no me parece mal. Pero bueno, eso ya, a gusto de cada uno, hay árboles preciosos con troncos gordísimos y más pequeños que un bache. El tamaño de la hoja influye mucho, el estilo de formación, los hábitos de crecimiento, el gusto personal, vamos que hay multitud de variables a tener en cuenta. 

El corte de las ramas de sacrificio, lo debemos de realizar en dos o tres temporadas, de la forma que ya indiqué anteriormente, para ayudar a cerrar heridas, y que estén lo más cicatrizadas posible cuando pasemos el árbol a maceta. El paso a maceta para el proceso de refinado o ramificación lo haremos cuando ya casi tengamos conseguido el calibre deseado, puesto que hemos de tener en cuenta que el árbol en maceta de bonsai seguirá engordando, menos que hasta ahora, pero también lo hará.


Bueno, y con esto creo que ya es suficiente, que creo que este post es el más largo que he escrito. Invito a todos a que expongan sus experiencias en este tema, completando lo que he descrito. Como ya he dicho anteriormente, no es la única forma de hacerlo, y puede que incluso no sea la mejor, pero creo que como base para comenzar es bastante útil. La experiencia de cada uno aplicando distintos sistemas es, seguro, la más válida de las técnicas, y ningún libro, post, conversación o articulo, podrá nunca sustituir la experiencia propia.

Por cierto, el trabajo fino empieza ahora, a ramificar, ramificar y ramificar, conseguir volumen, armonía y equilibrio. Eso ya, en la macetita, y con unos cuantos años por delante.

Un saludo.

Texto, fotos y esquemas realizados por JJMA para Portal Bonsai.