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La aparición del bonsai en occidente

¿Cómo se extendió el bonsai en la cultura occidental?

Por: Webmaster | Publicado: 16/02/2009 17:47 | |
Como ya vimos con anterioridad, el periodo de occidentalización ocurrido en el Japón de mediados del siglo XIX despertó el interés de los europeos por la cultura del bonsái; no hay forma de saber cuántos ejemplares llegaron hasta Europa fruto de este interés, ni cuantos sobrevivieron más de unos pocos meses. Probablemente no demasiados, si tenemos en cuenta las primeras teorías un tanto ingenuas que surgieron para tratar de explicar un fenómeno a todas luces imposible según los conocimientos occidentales.

Las primeras colecciones propiamente dichas fueron presentadas en Europa en la Exposición Universal de París, en el año 1878, con gran éxito. Para el año 1907 hay referencias a una pequeña colección permanente en Inglaterra; y no fue hasta 1909 en que se produjo en Londres la primera exposición propiamente dicha. Las reacciones fueron diversas, pero siempre con grandes dosis de sorpresa. La mayoría quedó cautivada por su belleza, pero también se alzaron voces hablando sobre las horribles crueldades supuestamente practicadas sobre los árboles. Teniendo en cuenta que en aquel entonces poco o nada era lo que se sabía sobre las técnicas de cultivo, resulta sorprendente repasar la variedad de teorías emitidas al respecto, algunas francamente hilarantes. Se habló de recortes de hojas, de vendajes alrededor del árbol similares a aquellos con los que se impedía el crecimiento de los pies de las princesas siguiendo los cánones de belleza oriental de la época, de confusas teorías botánicas por las que un árbol situado bocabajo se injertaba sobre otro situado en una posición normal para así poder obtener raíces en la parte superior tal y como parece que existen en los estilos de cascada, e incluso se habló de magia. Es más, el mismo hecho de que la gran mayoría de bonsáis llegados a manos occidentales perecieran al poco tiempo contribuyó a reforzar la idea de que debía existir algún tipo de misterio en su origen.

Durante la Primera Guerra Mundial el bonsái volvió a caer en el olvido para el mundo occidental, algo por otra parte totalmente comprensible pues tenían entre manos otros problemas más acuciantes. En el periodo entre guerras resurge de nuevo el interés por estos arbolitos, escribiéndose los primeros tratados serios sobre el tema en occidente. Se cuenta que Paul Claudel siendo embajador de Francia en Japón fue sorprendido en más de una ocasión sentado ensimismado delante de un pequeño bosquecillo de arces. El propio embajador explicó más tarde que contemplando esos árboles no podía evitar imaginarse a él mismo junto a uno de esos arces y que en ocasiones casi podía llegar a oír el gorjeo de los pájaros en sus ramas. Sea como fuere, la Segunda Guerra Mundial puso punto y final a este renovado interés durante otros cinco años. Tras la guerra el bonsái reapareció de nuevo, sobretodo en Estados Unidos debido a la gran cantidad de tropas que mantenían estacionadas en Japón. En no pocas ocasiones el soldado volvía a casa con algún pequeño arbolito y una nueva afición.

Afortunadamente, desde entonces el bonsái no ha dejado de extenderse por los cinco continentes y hoy en día en casi todos los países pueden encontrarse multitud de asociaciones que están aportando nuevas ideas, estilos y formas de entender este arte.

Quizá sea realmente cierto que estamos viviendo una época dorada en el mundo del bonsái.