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El bonsai en Japón

Orígen del bonsai en Japón

Por: Webmaster | Publicado: 16/02/2009 17:45 | |
La cultura japonesa siempre ha mantenido importantes contactos con China, siendo este país una de sus mayores influencias, por no decir la mayor. Existen referencias de esta interrelación en etapas tan tempranas como durante la dinastía Chin (226 – 206 antes de Cristo) con numerosos ejemplos; algunos tan curiosos como el caso de un famoso mago chino llamado Hsu Fu que fue enviado al Japón por un emperador a la búsqueda del Elixir de la Vida, fuera lo que fuera ese misterioso Elixir. Más adelante aparecen referencias de numerosos enviados japoneses recorriendo distintas regiones de China para aprender su cultura, además de numerosos contactos entre los distintos reyes y señores japoneses con los emperadores chinos.

Tras la introducción del budismo en Japón alrededor del siglo VI de nuestra era, primero a través de Corea y más tarde directamente desde China, multitud de monjes se desplazaron hasta Japón, resultando éstos en buena parte de los casos grandes entusiastas del arte del bonsái. Por lo que posiblemente las primeras noticias sobre el cultivo de árboles en miniatura llegasen a Japón de mano de dichos monjes.

De todas formas hemos de esperar hasta el siglo X para encontrar referencias en la literatura japonesa que mencionen la recolección de árboles en miniatura de la naturaleza. Al parecer no se conservan los textos originales, sino un texto que menciona a otro en el que se hablaba del tema, por lo que hay que tomárselo con algo de cautela, pero teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde que los primeros aficionados constatados empezaron a circular por Japón tampoco es demasiado arriesgado concederles algo de credibilidad. Las primeras alusiones directas al bonsái que nos han llegado pertenecen al periodo de Kamakura (entre los siglos XII y XIV) y entre otras destaca una obra bastante célebre, que combinando caligrafía y pintura, ilustra la vida del monje budista Honen Shonin, fundador de la secta budista Jodo y al parecer gran entusiasta del bonsái. En esta obra, que data aproximadamente del siglo XIII, se pueden contemplar diversas pinturas de bonsáis, pero lo realmente interesante es que está haciendo referencia a la vida en el Japón del periodo Heian (794-1191) lo que nos lleva a pensar que el arte del bonsái ya existía bastante antes de el periodo en que se escribió el texto.

Los datos que tenemos indican que aunque las técnicas empleadas en este periodo eran notablemente avanzadas, el gusto de las clases altas, que a fin de cuentas eran las que practicaban este arte, tendía a la formación de árboles de una artificialidad rayando lo grotesco.

Otra referencia que se puede destacar es una obra de teatro Noh, escrita sobre el siglo XIV, que cuenta como un samurai pobre recibe un día la visita de un shogun viajando de incógnito, y sacrifica lo que debían ser sus únicas posesiones de valor, sus tres bonsáis, quemándolos para que su huésped no pasara frío. Dejando a un lado cualquier otra consideración, esta obra nos permite constatar como la cultura del bonsái se encontraba extendida ya por todo Japón, y además el hecho de que uno de los tres bonsáis fuera un pino nos permite aventurar que ya se apreciaba al árbol por su forma y no simplemente por sus flores o frutos.

El pino siempre ha tenido un papel muy destacado en la cultura japonesa del bonsái con una importante carga simbólica. El pino representa la longevidad, pero además según su forma puede simbolizar multitud de cosas; como ejemplo se puede mencionar un estilo no clásico que en ocasiones se denomina “La mano de Buda”, y que a grandes rasgos podría considerarse como una variante del estilo vertical informal. En este tipo de bonsái la suave curva de su tronco y la particular forma arqueada que toma la copa da realmente la impresión de una mano cubriendo aquello que se encuentre en su base; representa la mano protectora que Buda extiende sobre el hombre. Hoy en día no quedan muchos ejemplares pero en otros tiempos solía colocarse en la entrada de los jardines como signo de bienvenida.

Con el transcurso de los años el arte del bonsái se fue popularizando sobretodo en el periodo Edo (1603-1867), periodo en el que el Japón feudal conoció una cierta época de paz y prosperidad que hizo que todas las formas de arte florecieran y se extendieran. De hecho, sería a mediados de este periodo en que tanto las técnicas de jardinería como de paisajismo alcanzarían su máximo esplendor con una increíble variedad de plantas cultivadas. El arte del bonsái no fue una excepción.

Existen referencias que hablan de lo que podríamos considerar un congreso de artistas, estudiosos de los clásicos chinos y poetas que tuvo lugar en las inmediaciones de la ciudad de Osaka a principios del siglo XIX con el propósito de discutir las técnicas y estilos más recientes en el mundo de los árboles en miniatura. Según parece a esta reunión le debemos la decisión de usar la palabra “Bonsái” para referirnos a un árbol cultivado de forma artística en maceta.

Por fin el bonsái iba saliendo poco a poco del dominio absoluto de las capas altas de la sociedad para irse asentando como un hobby cada vez más popular. Y buena prueba de ello son los cada vez más numerosos centros de jardinería y escuelas que surgieron a partir del siglo XIX. A mediados-finales de ese siglo la tendencia aislacionista del gobierno empezó a cambiar; en realidad tampoco es que cambiara sino más bien que finalmente consiguieron derrocar el gobierno feudal instaurando otro de corte más moderno. Se inició una época de occidentalización en el que los contactos con Europa se multiplicaron.

Los occidentales llegados a Japón quedaron cautivados por las formas más artificiosas del bonsái (quizá por que esa había sido la tendencia tradicional europea en jardinería) y por tanto en los alrededores de la ciudad de Edo, el actual Tokio, se formó una próspera industria destinada a producir en grandes cantidades pequeños árboles con formas a cual más extraña. Kyoto y Osaka representaban la escuela clásica y por supuesto en seguida protestaron enérgicamente, despreciando ese tipo de obras destinadas al consumo exterior. Parece ser que con el tiempo consiguieron salirse en parte con la suya pues los trabajos producidos en Edo fueron derivando hacia unas formas más elegantes.

El final del siglo XIX y el inicio del XX significo el desarrollo de una nueva y relativamente pudiente clase social dedicada al comercio que impulsó definitivamente el arte del bonsái, incrementando enormemente la demanda tanto internamente como para la exportación. Aparecieron verdaderos profesionales dedicados a extraer material prometedor de las montañas pero gradualmente como es lógico las fuentes se fueron agotando; el número de árboles miniaturizados de forma natural por las duras condiciones de vida que les habían tocado era limitado y finalmente se agotaron. Esto llevó a la aparición de un nuevo tipo de industria: los centros especializados en el cultivo de material apto para ser convertido en bonsái. No es que antes no hubieran existido centros de jardinería; hay referencias hasta de unos doscientos años antes, pero la diferencia es la escala y el número de éstos que surgieron. Aparecieron así los primeros pre-bonsáis, materiales listos para ser trabajados y convertidos en verdaderos bonsáis por los maestros de la época.

Durante la era Meiji (1868-1912) se produjo el inicio de lo que se podría considerar como el bonsái moderno, e incluso el propio emperador lo impulsó como un arte nacional, oficializando definitivamente el término “bonsái”. Las tendencias en este “bonsái moderno” son realizar mayoritariamente obras de tamaño medio, fácilmente transportables con dos manos, frente a los grandes árboles de periodos anteriores, además de tratar de alcanzar la belleza natural del árbol con obras muy alejadas de los artificiales estilos de antaño. Al mismo tiempo esta nueva etapa del bonsái significó su consagración definitiva como hobby destinado a todas las capas sociales.

Un acontecimiento muy destacable en el mundo del bonsái tuvo lugar tras una serie de terribles terremotos acaecidos en 1923. Muchos de los cultivadores y maestros afincados en Tokio se trasladaron a una pequeña localidad llamada Omiya, fundando lo que hoy en día se conoce como “la ciudad del bonsái”, el centro neurálgico de este arte. Todavía hoy es el lugar de referencia en el que se concentran una mayor cantidad de talentos, una verdadera Meca del bonsái que todo profesional o aficionado sueña con visitar alguna vez.

Hay quien afirma que el periodo comprendido desde 1914 hasta la actualidad se corresponde con una edad de oro en el mundo del bonsái, pues está alcanzando cotas de desarrollo jamás soñadas con anterioridad. Tal vez sea cierto, o tal vez no, pero sí resulta evidente que tras nacer y desarrollarse en China, Japón ha sabido adaptar este arte aportando su propia personalidad y carácter. El bonsái japonés tiende a ser suave tanto en la forma como en el sentimiento que transmite, con un carácter marcadamente natural y armonioso. En China, por el contrario, tanto formas como sensaciones son más dramáticas e intensas; los árboles son más estilizados, con menos ramas y ángulos mucho más marcados. Su carácter es tal vez menos natural pero en ocasiones mucho más impresionante.