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La antigüedad: Europa

Los jardines romanos y el topiary

Por: Webmaster | Publicado: 16/02/2009 17:39 | |
Por otro lado en Europa se desarrolló una forma de arte que si bien poco tiene que ver con el bonsái guarda con él algunos puntos en común en el sentido de utilizar la planta, en ocasiones también cultivada en un contenedor, como elemento ornamental. Se trata del conjunto de técnicas y cánones estéticos que acabaría llamándose “Topiary” y por el que se podaban diferentes plantas de jardín con formas geométricas o incluso de animales (esferas, pirámides, conos, ciervos o elefantes son figuras típicas), manteniendo en ocasiones tamaños reducidos. Para hacernos una idea podríamos pensar en alguno de los setos minuciosamente recortados formando muros de separación de forma perfectamente regular que hoy en día todavía abundan en nuestros jardines. A grandes rasgos podría hablarse de una forma simplificada de topiary, y quizá ahí radique el origen del gusto occidental por los setos milimétricamente alineados.

Parece ser que esta forma de expresión artística fue inventada por un allegado del emperador romano Augusto y ya hay escritos que demuestran que se practicaba comúnmente hacia el siglo I después de Cristo. El jardinero romano; topiarius, tenia un escalafón importante dentro de una sociedad que ya entonces debía adaptar sus obras a los costes del suelo sobre el que tenía que trabajar. Los jardines urbanos romanos eran interiores, patios cerrados en el interior de las casas que conforme se fue disparando el precio del suelo fueron reduciéndose en tamaño y obligando así al topiarius a aguzar el ingenio para sustituir el espacio por pinturas, falsas perspectivas y otros trucos destinados a engañar la vista. En los balnearios y termas eran frecuentes los jardines más paisajistas de inspiración griega y en las avenidas las alineaciones de árboles de sombra; como es el caso del plátano, que tenia un carácter casi sagrado para los romanos.

Cipreses, bojs y tejos eran los árboles preferidos en las composiciones, pues son árboles que desarrollan follajes muy tupidos y por tanto se prestan a ser “esculpidos” con las formas más diversas. Es importante tener en cuenta que, a diferencia de un bonsái, en este caso no se desplazaban ramas, simplemente se favorecía el crecimiento lo más denso posible de una masa informe de verde para luego recortar la figura deseada de la misma forma que lo haría un escultor o un carpintero: eliminando lo que sobra. Quizá no sería hasta los alrededores del siglo XVI que este arte no alcanzó su máximo esplendor gracias a magníficos tejos cultivados en los jardines ingleses.

Todavía se conservan algunos jardines cultivados siguiendo estas formas clásicas, pero en realidad la práctica del topiary cayó en desuso hacia el siglo XVIII a favor de unas formas de arte con aspecto menos artificial, quedando únicamente el gusto por los setos bien recortados.

Es interesante compararlo con el tipo de arte practicado en China en que se cultivaban árboles en miniatura, y que, como veremos más adelante, se trata del ancestro directo del bonsái propiamente dicho. Ambos buscaban dar un aspecto artificial al árbol, todo lo contrario al gusto japonés. Pero mientras que en Europa se tendía a recargar las composiciones con la mayor cantidad de elementos posible, en China los espacios vacíos jugaban un papel tan o más importante que los cubiertos por vegetación. Una tendencia cultural que también se manifiesta en la pintura o la música, por citar un par de ejemplos.