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Miscelánea

Otros problemas en potencia...

Por: Webmaster | Publicado: 10/12/2008 12:52 | |
Miscelánea:

Puede que no sean parásitos o enfermedades propiamente dichos pero no por ello dejan de ser un problema, en ocasiones grave, para nuestros bonsáis. Seguramente cada aficionado podría aportar varios apartados a esta lista fruto de su experiencia personal, pero hay unos cuantos bastante comunes que conviene tener en cuenta.

Caracoles y babosas:

No habitan la planta en sí pero aprovechan las frescas horas nocturnas para abandonar sus escondrijos en busca de hojas y brotes tiernos de los que alimentarse. Sus daños son erráticos aunque pueden ser muy extensos si hemos de convivir con una colonia de caracoles importante. Existen productos químicos eficaces contra estos molestos visitantes en caso de que su número vuelva impracticable eliminarlos a mano, uno a uno, y también contamos con un remedio casero realmente curioso. Resulta sorprendente pero tanto caracoles como babosas son extraordinariamente aficionados a la cerveza, así que colocar algunos platos con cerveza todo a lo largo del jardín (una marca barata servirá; les gusta la cerveza pero su paladar no es demasiado exigente) es garantía de que a la mañana siguiente se encontrarán repletos de caracoles descansando tras una larga noche de libaciones. Después simplemente nos deshacemos de ellos y repetimos el proceso tantas noches como haga falta para disminuir el número de visitantes no deseados al jardín.

Pájaros:

No presentan ningún problema en si mismos pues habitualmente poco les interesa la planta, e incluso en ocasiones son beneficiosos ya que eliminan insectos y parásitos como por ejemplo orugas, aunque en ocasiones pueden llegar a ser un verdadero fastidio.
Pájaros como por ejemplo el mirlo revolverán completamente el musgo de las macetas en busca de lombrices y larvas. No daña en nada al bonsái pero resulta exasperante encontrarte cada mañana con el suelo cubierto de trozos de musgo que se suponía que debían estar en la maceta.
Los gorriones, por poner un ejemplo, parecen sentir atracción por los brotes tiernos de algunas plantas lo que resulta un problema si da la casualidad de que se aficionan a los plantones recién salidos de semilla que uno está tratando de cultivar.
Palomas, mirlos e incluso gaviotas se pasean alegremente entre los bonsáis sin hacerles demasiado caso buscando tal vez humedad e insectos, pero resultan un tanto torpes en el suelo y cuanto más grande sea el pájaro que se pasee entre la colección de bonsáis, más posibilidades hay de que algún tiesto aparezca volcado en el suelo. Y finalmente están los omnipresentes “regalitos” que antes de irse todos nos dejan alegremente para recordarnos su visita. No es que sean especialmente dañinos, a fin de cuentas de ellos se saca el abono a base de guano, pero resulta un engorro ir limpiando las macetas cada día.

Cuando han llegado a convertirse en un problema conseguir que los pájaros busquen otro jardín en el que jugar es una tarea harto complicada en la que cada uno ha de usar su imaginación como buenamente pueda. Tiras de plástico de brillantes colores agitadas por el viento dan buenos resultados en ocasiones, en otras los aficionados han recurrido a una especie de fina red de pesca para recubrir el lugar. No hay una solución universal, ni universalmente buena.

Gatos:

Los gatos raramente se interesarán por un bonsái, y serán capaces de caminar o saltar entre ellos sin el más mínimo contacto. De hecho, y como tributo a su agilidad, en una ocasión pude comprobar como dos de ellos se perseguían a toda carrera sobre un banco lleno de bonsáis de tamaño pequeño (mames y shohin) sin tan siquiera llegar a rozarlos mientras zigzagueaban entre los tiestos.
Pero pobre del árbol que tenga una corteza al gusto de alguno de los mininos del vecindario. En cuanto encuentren al árbol adecuado no dejarán de afilarse las uñas en su corteza hasta que ésta se desprenda a tiras. En cuestión de minutos son capaces de destrozar el trabajo de un montón de años como el que no quiere la cosa mientras se liman las uñas.
La mejor solución: NUNCA dejar que se acerquen a un bonsái.